Análisis: Los niños están de vuelta en la escuela, pero su hijo parece de mal humor e infeliz. ¿Es esto una señal de intimidación, y qué pueden hacer los padres?

Con la operación "vuelta al cole" también vuelven las preocupaciones. ¿Hemos comprado todo el material necesario? ¿Sacará buenas notas? ¿Hará amigas/os? O peor… ¿alguien la tomará contra él/ella? A veces las/os niñas/os pueden tener conflictos o pelearse puntualmente, pero estos problemas se resuelven con facilidad y sin mayor repercusión. Sin embargo, si la agresión se mantiene en el tiempo podríamos estar ante un caso de "bullying" o acoso escolar, lo cual tiende a tener graves consecuencias.

Dr RTÉ Radio 1's Today with Sean O'Rourke, una discusión sobre cómo Facebook y DCU están uniendo fuerzas para abordar el acoso escolar en las escuelas y el ciberespacio

Las conductas de acoso pueden ser muchas y muy variadas. No tiene por qué llegar a ser físico para ser considerado bullying y generar graves consecuencias. Formas más sutiles, como la exclusión social o los motes, pueden ser difíciles de identificar incluso para la propia víctima. Más allá de que la propia persona puede no darse cuenta de que está sufriendo bullying, los mensajes negativos sobre los "soplones" o "chivatos" son muy comunes socialmente, así como que el bullying "es cosa de niños" o "sufrirlo te hará más fuerte". Todo este imaginario popular puede provocar que la víctima no busque ayuda por temor a empeorar aún más su situación, bien sea por que los agresores se ceben aún más en él/ella, porque las personas adultas resten importancia a sus quejas, o incluso que se le tache de débil por no poder solucionar la situación por cuenta. Teniendo todo esto en cuenta, puede ser necesario realizar un ejercicio proactivo para detectar si nuestra/o hija/o sufre bullying en vez de esperar a que nos lo cuente, lo cual puede llevar meses, años, o no suceder nunca.

Las señales

Tal vez hayamos empezado a notar cambios que nos hacen desconfiar de que algo no va bien. Algunos de los síntomas que pueden indicarnos que una persona está sufriendo bullying son los siguientes:

o Cambios de humor, tristeza, irritabilidad o incluso agresividad

o Muestras de ansiedad, pero negándose a decir qué le pasa

o Le cuesta más dormir y suele tener pesadillas

o Cambios en los hábitos alimentarios (come compulsivamente o le falta el apetito)

De RTÉ One's Nine News, informe sobre cómo se ofrecerá a las escuelas secundarias capacitación en seguridad y contra el acoso escolar


o Aparecen síntomas psicosomáticos como dolor de cabeza o de tripa sin una causa orgánica que lo justifique. Algunas/os niñas/os incluso comienzan a caminar en sueños o a mojar la cama

o Empieza a llegar a casa con golpes, rasguños o material roto (por ejemplo, la mochila)

o Dice no querer ir al colegio, especialmente en las tardes de los domingos. Puede que tampoco quiera acudir a las excursiones o visitas culturales o relacionarse con sus compañeras/os

o Quiere volver a ir acompañada/o a la entrada y a la salida del colegio cuando ya iba a solas, o cambia sus horarios cuando va sin compañía (queriendo entrar antes o llegando más tarde de lo habitual sin explicación)

o Disminución del rendimiento escolar

o Se siente especialmente mal tras navegar por internet o usar el móvil

Una señal especialmente clara es cuando todas estas problemáticas mejoran durante las vacaciones, fines de semana o cualquier momento en que no tenga que ir al colegio, sólo para empeorar justo en la víspera de la vuelta al cole.

De RTÉ Radio 1's Morning Ireland, un informe sobre cómo más de uno de cada diez escolares en Irlanda ha sido cyberbullied

Qué se puede hacer

Si llegamos a la conclusión de que estamos ante un caso de acoso, lo primero es no pensar que todo está perdido, que hemos hecho algo mal y somos malas/os madres o padres. Puede que algo de daño haya sido hecho, pero ahora tenemos que evitar que la cosa vaya a más y minimizar las consecuencias.

Lo mejor es intentar que sea nuestra/o hija/o quien nos confirme que está sufriendo bullying. Podemos empezar por preguntar "¿Qué tal en la escuela?" e ir profundizando hasta llegar incluso a contarle abiertamente nuestras sospechas, intentando transmitir a la vez que no se merece ser tratada/o así y que no es culpa suya. Lo más importante es generar un espacio de confianza y comprensión. Si no conseguimos que nos cuente que está siendo acosada/o, podemos esperar a tener más información, hablar con los progenitores de sus amistades o con otras personas de la familia, o directamente podemos acudir a la escuela a ver si el profesorado sospecha algo. En caso de que confirmemos que es un caso de bullying, se debería implicar a la escuela para resolver la situación. Para poder hacerlo adecuadamente, lo primero es informarse acerca de cuál es su plan específico contra el acoso, para saber qué protocolo hay que seguir y a quién se debe recurrir.

Por otra parte, cuando el acoso se produce a través del internet, puede parecer una solución sencilla quitarle el móvil a nuestra/o hija/o. Aunque lo hagamos para protegerla/o, esto no sólo no resuelve el problema, sino que genera otro. No sólo está sufriendo la victimización, sino que además se queda sin la herramienta que utiliza para relacionarse con sus amistades y navegar por las redes sociales.

Lo mejor es intentar que sea nuestra/o hija/o quien nos confirme que está sufriendo bullying

Como último apunte, a veces los cambios de comportamiento que notamos en nuestras/os hijas/os no se deben a que sufra acoso escolar. Puede que estén pasando algún problema puntual con sus amistades o tengan ansiedad por cosas de la escuela. Tampoco podemos descartar que tal vez sea quien agrede o que haya presenciado cómo se victimiza a otra persona. En cualquier caso, hablar con él/ella y con el profesorado sigue siendo una buena forma de descubrir lo que está pasando y empezar a ayudarle.


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